ANTIDOTOS CONTRA EL MIEDO (1)


El miedo es ese compañero de viaje
que puede ser nuestro amigo y mejor aliado o el enemigo más cruel, capaz de
mantenernos atrapados en una cárcel sin puertas e interponerse entre nosotros y
la realización de los sueños, objetivos y metas que tenemos.
Cuando aparece en nuestra vida como
amigo, el miedo es una respuesta que tiene un valor biológico necesario para la
supervivencia, supone una activación que pone en marcha un conjunto de respuestas que podemos utilizar ante las situaciones que
vivimos como amenazantes. Nos avisa del peligro y enciende las luces de
nuestras capacidades y potencialidades para que podamos ponerlas en
funcionamiento y movilizar nuestros recursos.
 Digamos que
es el despertador de nuestras defensas, así como el dolor nos avisa de que en el
cuerpo algo requiere atención, el miedo nos moviliza para estar alerta. Si nos
rompemos un brazo y no sintiéramos dolor, no iríamos al médico para que nos
pusiera una escayola, del mismo modo si no tuviéramos miedo, podríamos
acercarnos al borde de un precipicio hasta el punto de arriesgar demasiado y
caer.

Como
enemigo, el miedo es el peor de cuantos podemos tener, se cuela por los rincones
de nuestro ser, invade la intimidad dejándonos pasivos, nos vampiriza
manteniéndonos atrapados, cogiendo cada vez más poder y tomando más dominio en
nuestra vida. Cuanto más crece más nos limita, cuanto más poder le damos, más
aniquilados nos mantiene.
¿CÓMO SABEMOS SI NUESTRO MIEDO ES
AMIGO?
El
desencadenante del miedo amigo es la
percepción por nuestra parte de una amenaza real o imaginaria a nuestra
seguridad, integridad, salud y bienestar tanto físico como psicológico. El miedo es
aliado cuando existe una adecuación en cuanto a la intensidad entre lo que
sucede en nuestra realidad y el miedo que tenemos. La intensidad puede ir desde
un ligero malestar o cosquilleo en el estómago hasta el pánico en su grado más
extremo, al que se une la sensación orgánica de que el mundo se va a acabar y
todo quedará destruido.
 Si la valoración de las circunstancias que
vivimos es ajustada, el miedo será directamente proporcional y se convierte en
un recurso adaptativo que nos reporta la energía suficiente para enfrentarnos a
esa realidad y  protegernos ante el
peligro.
El miedo que
se convierte en nuestro enemigo, tiene que ver con la valoración
desproporcionada que hacemos de lo que nos sucede, otras veces con las
anticipaciones negativas o catastrofistas respecto a eventos futuros. 
Nos asustamos
porque llegamos a creer que todo ese repertorio de pensamientos destructivos se
hará realidad, en ese momento le abrimos la puerta al fantasma del miedo que
poco a poco genera elementos bloqueantes de
iniciativas, sentimientos, ideas y decisiones que acaban inhibiendo nuestra
riqueza vivencial y comenzamos a sufrir gratuitamente. Lo visualizamos
como un fantasma que está detrás de nosotros dándonos cocotazos y
envenenándonos permanentemente, miramos pero no lo vemos, solo cuando nos
decidimos a mirarlo a la cara podemos quitarle su sábana de fantasma y mirarlo
a los ojos, entonces, el miedo está perdido.
Un antídoto
para vencer al miedo es conocerlo.
Algunas preguntas que te pueden ayudar a desenmascarar al fantasma de tu miedo:
 
¿Qué te dice tu miedo?, ¿De dónde viene y a
dónde va?, ¿Para qué lo necesitas en tu vida?, son algunas de las preguntas que
te pueden ayudar a identificarlo.
 Lo que deseas está al otro lado del miedo

Autor entrada: Maria Guerrero

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