HISTORIAS DE AMOR Y ODIO

“El
amor libera y sana, el odio destruye celularmente. La enfermedad es el
resultado no solo de nuestros actos sino también de nuestros pensamientos”.
Gandhi
La historia de Luis y Candela.
Llegan a consulta, cuando los
recibo se muestran fríos, dejando ver la distancia que les separa. Cuando
comienzan a hablar se puede apreciar el resentimiento y el rencor que subyace a
sus palabras, se suceden las críticas, los reproches que abren un abismo entre
ellos. No se escuchan, se interrumpen constantemente con acusaciones, que son
dardos envenenados que van directos a ese punto que es el que más duele y lo
saben, aún así continúa el fuego cruzado sin compasión. Al inicio de la
entrevista se miraban de soslayo dejando al descubierto su lejanía emocional,
sin embargo, conforme se van metiendo en sus respectivos argumentos, sus
miradas se vuelven frontales y están encendidas de odio y rabia envolviendo el
ambiente con el rencor que emana de sus sentimientos. Este es el último
cartucho –manifiestan al final-, sin embargo su mirada está más enfocada en la
separación que en el encuentro, lo que dificulta gravemente la comunicación que
se encuentra dominada por la descalificación y las quejas “no puedo creer que
digas eso”, “la culpa fue tuya”, “si me hubieras hecho caso..”, “nunca me
escuchas, no te importa nada de lo mío”, “si fueras de otra manara.., eres
odioso. Y ti inaguantable”.
Al escucharlos me cuesta creer
que alguna vez hayan estado unidos por un sentimiento noble y, desde luego, me
cuesta imaginar que alguna vez se hayan querido, desde luego ahora lo que
domina su sentir es el olvido de lo amado, si alguna vez  hubo amor. Cada uno aparece en el otro
desdibujado, despojado de las cualidades que un día fueron objeto de
reconocimiento y valoración, cegado a esas particularidades personales de las
que un día se enamoraron y que hacían que se vieran como seres únicos,
excepcionales y maravillosos en relación a todos los demás.
¿Qué nos ha pasado?, ¿Cómo hemos
hecho para poner odio dónde antes había amor?.
Nos conocíamos desde hace años
por medio de amigos comunes. Desde el principio había mucha atracción física
entre nosotros, era como un imán que nos traía irremisiblemente.  Cada uno estaba centrado en su carrera con la
ilusión puesta en triunfar en lo nuestro y no salíamos demasiado, pero cada vez
que coincidíamos y nos encontrábamos sentíamos alegría de vernos de nuevo,
hasta que un día nos dejamos llevar por la pasión y comenzamos nuestra historia
de amor. Al principio teníamos sexo a todas horas, no podíamos parar de
besarnos y abrazarnos, poco a poco nos fuimos conociendo más y las
coincidencias en nuestra forma de ver la vida y como queríamos vivirla eran
asombrosas,

nos gustaban las mismas cosas, la misma música, a los dos nos
encantaba la naturaleza, amábamos a los animales el deporte, era mágico. Me
gustaba todo de él, -dice ella con los ojos brillantes-. Yo la veía como la
mujer más especial que había conocido nunca, -dice el esposo sin apenas mirarla,
como queriendo recrearse en aquellos sentimientos de tiempo atrás-.

Nuestra intimidad fue creciendo,
nos sentíamos muy cerca el uno del otro, hablábamos durante horas, teníamos
mucha confianza y nos lo contábamos todo, por cómo me escuchaba sentía que le
interesaban mis cosas, era estupendo sentir tanto respeto, cuidado y cariño.
Siempre me sentía reforzada por él, afirmación a la que el marido siente con la
cabeza mientras dice, y yo por ti, pensaba que contigo a mi lado era capaz de
comerme el mundo. Al año de vivir juntos decidimos casarnos, nos sentíamos  comprometidos el uno con el otro, queríamos
formar una familia y vivir nuestra vida juntos pero de eso hace ya siete años y
ahora mira dónde estamos, no nos aguantamos, siempre estamos discutiendo, todo
lo que hacemos nos sienta mal, parece que me tiene manía y a veces adivino el
odio en su mirada –dice la esposa mientras comienza a llorar. ¿Y tú, como me
miras?, se enfada el esposo, me criticas constantemente, ya no se que hacer
para agradarte, todo lo hago mal y me rechazas cada vez que me acerco a ti para
mostrarte cariño, pero ahora ya da igual ¡anda ya!.
Esta es una historia que se
repite en las conversaciones entre amigos, en las consultas de los psicólogos o
en las llamadas al Teléfono de la Esperanza. Dice Sri Chinmoy que odiamos a
alguien cuando realmente queremos amarle, pero que no podemos amar porque tal
vez él mismo no lo permite, lo que confirma una vez más que el odio es una
forma disfrazada de amor como avala la casi totalidad de la literatura y los
estudios realizados sobre el tema, entre los que destacan las investigaciones
realizadas por Sterberg, en las que observó que el odio no podía ser entendido
sin el amor ya que ambos se encuentran estrechamente relacionados debido a la
similitud de sus componentes, por lo que formuló dos teorías triangulares que
permiten dar explicación a ambos procesos, la del amor y la del odio.
La teoría triangular del amor
sostiene que en el amor subyacen tres componentes:
La intimidad, a la que se llega por sentimientos de cercanía,
seguridad, confianza y calidez de las relaciones, factores que permiten
fomentar el bienestar de la persona amada y potencian el sentimiento de
felicidad solo por el hecho de estar en la compañía de la persona amada.
La pasión, referida al impulso que llega al romance y se alimenta
de la atracción física y sexual y promueve sentimientos que potencian la
autoestima y favorecen la afiliación.
Decisión/ compromiso. La decisión está referida a la elección de
amar a una persona mientras que el compromiso va un poco más allá, es la
decisión de seguir amando a largo plazo.
Estos  componentes no son estáticos, están en
constante interacción entre ellos lo que da como resultado los siete tipos de
amor: cariño, encaprichamiento, amor vacío, amor romántico, amor sociable, amor
fatuo y amor consumado.
Por otra parte, la teoría
triangular del odio es justo lo opuesto de los mismos componentes:
Negación de la intimidad, se trata de ese distanciamiento que busca
la desvinculación emocional y está promovido por el rechazo de los actos y
comportamientos que nos genera la persona y que termina por el rechazo a todo
lo que viene de ella.
Pasión en el odio, se refiere a ese componente que se expresa en
forma de furia/ miedo. Cuando el sentimiento predominante  es la furia, precipita a las conductas de
enfrentamiento directo y aproximación a la persona que es objeto de ese odio,
mientras que cuando el sentimiento es el miedo, precipita hacia la huida y el
alejamiento.
Decisión /compromiso en el odio. Hace referencia a la devaluación
de la persona o grupos de personas por medio del desprecio. Es decir, se trata
de considerar a la persona o personas que son objeto del odio como malas,
despreciables o infrahumanas, de esta manera el ataque o el abandono queda
justificado.
Del mismo modo que ocurre con el
amor, los componentes del odio interaccionan entre sí dando lugar a siete tipos
de odio: odio distante, odio caliente, odio frío, odio hirviente, odio
humeante, odio rebullente y odio quemador.
¿Cómo se genera el odio?
El odio se va gestando con las
pequeñas cosas que vamos dejando sin resolver adecuadamente y
va creando círculos de fuego en el que muchas veces acabamos quemándonos.

Autor entrada: Maria Guerrero

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