VIVAMOS COMO NIÑOS

La espiritualidad implica lo que es más profundo y auténtico en nosotros. Nuestro verdadero YO, ese que en muchas ocasiones está oculto tras muchas caretas de mil colores.
Se trata del sentido de conexión y relación con “algo” que es más grande que nosotros mismos y nos dispone al contacto con nuestra unicidad y nos permite la experiencia de nuestra exisetencia. Cuando tenemos esa consciencia del yo, la vivencia es de ser uno consigo mismo en interacción con el todo, entonces se consuma la aceptación de sí mismo y brotan los sentimientos de paz que pemiten afimar 
      YO SOY EL QUE SOY Y ASÍ ESTÁ BIEN.
El sentido más profundo de la espiritualidad humana, es ese Yo que incorpora cualidades humanas de ser valioso, apreciado y especial y no porque nadie nos lo diga, sino porque lo sentimos en lo profundo, como emanado por todas nuestras células.
Las heridas espirituales disponen a que nos volvamos niños – adultos, dependientes y avergonzados. El mayor trauma de un niño es el deseo frustrado de ser amado y de que se acepte su amor, cuando esa necesidad básica no ha podido ser satisfecha provoca trastornos de diversa índole, que se manifiestas mediante adicciones, enfermedad mental o física, perfeccionismo, control excesivo, dependencia, etc.
Estar alineado con la vida, es recuperar nuestro niño interno. Los niños son grandes

maestros,  su mundo es completamente nuevo en cada momento, para ellos vivir la vida es un misterio permanete e ilusionante, por eso viven cada instante como único, con la conciencia enfocada en cada momento.

Vivamos como niños, amemos como niños, abramos nuestros corazones a la vida y extendamos nuestros brazos para abrazarla con todo lo que nos traiga aqui y ahora porque no hay más minitos de los que hay.

Autor entrada: Maria Guerrero

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