EL ODIO CREA LAZOS TAN FUERTES COMO EL AMOR

El odio es una solución para seguir teniendo al otro
presente. Decía Grahan Greene “el odio no
es más que cercanía de imaginación
”. El otro dejó de ser quien imaginábamos
y le odiamos por ello, sin embargo ese odio no impide que quedemos atrapados en
la fantasía de quien queríamos y pretendíamos que fuera, lo que hace que la
situación emocional se convierta en un circulo de retroalimentación permanente,
que incapacita para realizar un encuentro o una ruptura sana. En este punto se
fortalece el enganche que compromete la vida afectiva, quedando condicionada a
dañar o a evitar ser dañados, así que cualquier intento de acuerdo es vivido
como una claudicación y para evitarlo se alimenta el odio con el recuerdo de
vivencias negativas, bien guardadas en nuestra mente, esperando la oportunidad
de manifestarse para hacer crecer la espiral de odio tras la que creemos
fortalecernos.
 El escritor francés
Charles Baudelaire dice que “el odio es un borracho al fondo de una taberna,
que constantemente renueva su sed de bebida”, nunca se sacia, así la guerra
queda declarada, en los casos de divorcio en los juzgados, dónde se instruyen
largos procesos que tienen como finalidad mantener la fantasía del encuentro a
un precio muy caro, el despilfarro del corazón que es nuestro mayor tesoro.

Autor entrada: Maria Guerrero

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