EL ÁRBOL DE CORAZONES

Por Elena Martínez Ramirez

       En un país muy lejano, muy desconocido y diferente a cuanto conocemos, se encontraba en la pradera de colores el árbol de corazones. Era uno de los ejemplares más admirados y queridos de todo el país, no sólo por su belleza sino por su significado para todos. Era el árbol de las mil historias y las
mil leyendas, y tal como citaba una de ellas, era un árbol muy especial,
no era como cuantos conocemos en nuestro mundo, tenía el tronco de
color naranja y la copa de sus hojas estaba formada por miles de
corazones multicolores, todo ello cubierto por un halo de brillo y
majestuosidad. Cada una de sus hojas de corazón tenía una finalidad, las
de color amarillo eran las destinadas a la familia, las de color blanco
las de la amistad, las de color rojo las del amor, las del color verde
de la naturaleza, las de color azul de la pureza de espíritu y las de
color malva eran muy reservadas, eran las de los afligidos y la
tristeza. Es por ello que había pocas hojas de este color, pues se
trataba de un árbol de buenos y nobles sentimientos, pero no todo el
mundo albergaba en lo más profundo de su corazón tales proezas.
        Así nuestro querido árbol de corazones
estaba en continuo contacto con el mundo que lo rodeaba, y por ello
siempre estaba observando todos los sentimientos que afloraban en cada
uno de los universos paralelos que tenía a su alrededor, guardando así
el equilibrio entre ellos y las gentes que lo habitaban.
Pero un buen día todo cambió, parecía una mañana
como otra cualquiera pero el cielo había amanecido gris, un profundo
olor azufre recorría toda la pradera, el viento era demasiado cálido
para la época en la que nos encontrábamos, las nubes parecían casi negras y todo acontecía muy diferente a cualquiera de los días vividos con anterioridad.
Así fue transcurriendo el día, y en la
lejanía se vio aparecer a Pipi, era un lindo pajarito del paraíso de
color negro y turquesa, era de las más bellas aves de cuantas existía, y
como su nombre indicaba venía del paraíso, del edén, y venía muy
apesadumbrado.
– Mi querido Pipi ¿qué es lo que enturbia tus pensamientos? Preguntó el árbol de corazones totalmente desconcertado.
– Árbol de corazones debes de ayudarnos,
vengo del Paraíso y hay un gran estruendo formado por los mundos que
nos rodean, están contagiados unos de otros de falta de buenos
sentimientos, el universo se tambalea y con él la existencia que los
guarda, ya no hay esperanza, todos lloran y buscan consuelo sin
hallarlo, eres tú mi única llave a la alegría que se nos esconde
          El árbol de corazones muy atento escuchaba cuanto le estaba diciendo su amable amiguito.
Pipi estaba triste y abatido, más sabía lo que significaba pedirle tanto al árbol de corazones
Así, interrumpiendo los pensamientos de
nuestro pájaro del paraíso, árbol de corazones mirando con cariño a su
fiel amiguito alado, sabía cuánto tenía que hacer.
Mientras el aire se hacía más turbio e
irrespirable, empezó a temblar moviendo así todas y cada una de sus
hojas corazón multicolores, Pipi al mismo tiempo
alrededor de él iba batiendo con fuerza sus alas, de esta manera cada
una de las hojas de árbol de corazones empezaron a desprenderse de él, y
una suave brisa fue trasladando y meciendo a cada uno de estos
corazones de colores, el aire se hacía cada vez más puro, las nubes iban
blanqueando su color, y la pradera poco a poco iba luciendo en todo su
esplendor.
        Pipi sollozando seguía moviendo
rítmicamente sus pequeñas y lindas alitas, hasta que sólo quedó una hoja
corazón en la parte más alta del árbol de corazones, y Pipi paró sin
pensárselo, su querido amigo había perdido todos los colores que lo formaban, incluso el tronco se
había coloreado de gris, y sólo la hojita corazón de color rojo le daba
un toque de color, árbol estaba realmente cansado y agotado por tanto
esfuerzo, así, mirando con cariño a Pipi, le dijo.
– Mi querido y fiel amigo, he aquí dónde
se separaban nuestros caminos, dónde se distancian para nunca volver,
mientras el mundo rejuvenece con brotes nuevos de bellos sentimientos de
arrebatadores colores, yo envejezco y muero Pipi, sabía lo que estaba
diciendo, más no quería que aquello ocurriera, así mientras sollozaba
sin consuelo alguno fue entonando una linda melodía.
De repente los cielos se abrieron y
aparecieron miles de aves del paraíso, cada una de un color diferente
tornando el cielo de un gran arco iris alado, todos se fueron
aproximando al árbol de corazones y junto con Pipi, cada uno fue
cogiendo un minúsculo trocito de hoja de corazón roja, y volando por
toda la pradera las aves fueron soltando el pedacito que habían cogido
del árbol de corazones, el sol
brilló como nunca y poco a poco fueron brotando pequeños arbolitos de
corazones por toda la pradera, no quedando un hueco sin cubrir.
     
      Así mientras el gran árbol de corazones
se iba marchitando, iban floreciendo miles de árboles de corazones
adornando aquel paraje, cubriéndolo con los mejores sentimientos de los
universos, con una nueva hoja que tenía todos los colores, la hoja de la
Esperanza, que habitaba en todos los nuevos árboles de corazones así
como los mundos que los rodeaban, gracias al gran sacrificio y esfuerzo
del primer gran Árbol de Corazones.

Autor entrada: Maria Guerrero

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