NO TE ENFADES, AMOR.

Este poema surgió  a la vuelta de Auswchitz, como una necesidad de poner luz al horror, que tal vez no haya que olvidar, para no repetir. Ver las los botes de gas, las cámaras de exterminio, las miles de maletas, de cabellos, de gafas, de camas juntas….
NO TE ENFADES, AMOR

No pude escribirte versos en Auswchit.
Mientras tocaba las alambradas que aún
repicaban a muerte,
bajaba la cabeza ante el muro de los
asesinatos
o sentía los gritos sordos y amargos en las
cámaras de gas
y el calor de los crematorios me ennegrecía
de dolor el interior,
no pude pensar en ti
ni creer que ángeles de luz pueblan nuestra
planeta
y la esperanzan no sea más que una nube
pasajera de humo.
Tampoco fui capaz de llorar lágrimas tristes.
Más bien sentí asco,
asco de ver visiones negras,
negras como montañas de cenizas humanas.
Ganas de vomitar.
Vomitar que el corazón se volvió una hiena
y los ojos cuchillos afilados,
garras de serpientes,
y las manos pezuñas de tigres manchadas en
sangre.
¡Qué ya está
bien!..
Al hombre se le olvidó ser hombre
y enterró en una sepultura de agua la bondad
y de ternura.
¡Hasta el respeto se hizo una palabra
prohibida!
Se me olvidó tu nombre aquella tarde
y  tus
besos me parecieron una mentira.
Aquello era el infierno
y en el infierno no hay sitio para ti
ni para el siempre necesario poema de amor.
Agacho el alma.
Permanezco en silencio,
Quieto, avergonzado,
y sus cientos, miles y millones de rostros,
de gafas amontonadas, de maletas inservibles,
de botes de veneno, de cabellos, de insultos
y atropellos,
de camas juntas y horcas colectivas,
me hicieron creer que tú, amor, no eras más
que un sueño,
el vaho de un amor inexistente.
Tanta maldad me
hizo olvidarme de ti.
                                                                                                              Valentín Turrado

Poema escrito después de visitar Auschwitz en
agosto de 2014

Autor entrada: Maria Guerrero

1 thought on “NO TE ENFADES, AMOR.

    Anónimo

    (octubre 12, 2014 -10:34 pm)

    Te felicito por tu poesia Valenti. A Pepi la han dado hasta escalofrios.

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