EL QUE SIEMBRA, RECOGE

Cuando recibimos de otra persona, nos sentimos aliviados y agradecidos, cuando damos y nos entregamos a la ayuda de otro nos sentimos plenos.

En mi experiencia no hay nada más grande que aliviar el sufrimiento de otro, acompañándolo en momentos de dificultad, esos por los que todos pasamos más tarde o más temprano.
Dar de nosotros, ya sea a través de palabras de aliento, miradas cálidas y acogedoras, escucha sin juicios, porque hay tantos mundos como personas y cada uno crea su propio mundo, que no tiene porque coincidir con el nuestro. 
Dar acogida incondicional, tener respeto por la individualidad, cuidar nuestro trato diario, es poner amor en nuestra vida y hacer grande al amor entre las personas.
Con nuestra generosidad construimos puentes solidarios, abrimos caminos de esperanza, derribamos fronteras de miedo, nos hermanamos en un mismo fin común que nos hace grandes, fuertes y sólidos.
Dice el refrán que el que siembra, recoge y cuando damos desde el corazón, siempre recibimos en doble, nos llenamos de vida y engrandecemos al ser humano.

Autor entrada: Maria Guerrero