EL MITO DE NO SER NUNCA SUFICIENTE

     Cuando el inconsciente masculino toma
el poder, puede que la mujer sienta que nunca es suficiente, haga lo que haga o
como lo haga, no llega a sentirse satisfecha del todo, de completar un trabajo
por ejemplo, porque ese inconsciente la empuja a buscar otro, le urge a pensar
en el futuro, sin valorar lo que está haciendo en el presente. Ella se siente
asediada y responde desde un lugar interno de carencia: “debería estar haciendo
más, lo que hago no es suficiente”.

      Este actuar desde la máxima “yo
puedo, soy fuerte”, enfatizando lo masculino, generalmente suele dejar
profundas huellas tanto en la salud, que se termina deteriorando a golpe de
yunque y martillo, como en el estado emocional.

   ¿Para qué sirve tanto esfuerzo?, ¿Por
qué me siento tan vacía?, es lo que terminamos preguntándonos después de haber
conseguido los aplausos, si los conseguimos y después de tantos y tantos “yo
puedo”. Nos decimos, he logrado todo lo que me propuse y sin embargo, me sigue
faltando algo.

 El sentimiento que genera este
estado es de escisión, de traición a nosotras mismas, de abandono de una parte
de nosotras que ni siquiera conocemos.

Esta sensación de pérdida es, en
realidad, un anhelo de “lo femenino”, el anhelo de una sensación de hogar en el
cuerpo.

 Finalmente se da cuenta que desde los
presupuestos de los que partió desde pequeña, acerca de las recompensas por ser
una mujer “yo puedo”, son falsos y la han llevado a luchar en “otra guerra” que
la han conducido a obtener victorias que no le valen para llenarse a sí misma.

 En efecto, consiguió el éxito, logro
objetivos, adquirió lo que creía que era independencia y para todo ello se dejó
la piel en el camino, endureció su corazón y puso una mordaza a su alma.    

 Después de estas reflexiones, queda
claro que no es necesario continuar actuando como la mujer “yo puedo” que
siempre hemos vivido, podemos ser mujeres capaces de vivir con plena libertad,
sin complacer al mundo pero sin perder de vista que somos parte de el y
nuestros actos suman a su desarrollo, si nos creemos menos le estaríamos
restando al mundo.

 
            Es por eso que reflexionamos sobre
el tema y desde aquí os invito a pasar de ser una mujer “yo puedo” a una mujer
“YO VIVO”, “YO SIENTO”, “YO SOY”.

 

           

           

Autor entrada: Maria Guerrero

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