CARTAS DESDE EL MANICOMIO

Tuve que viajar hasta Turquía para conocer a Charo. Cuando la vi por primera vez me di cuenta de que era una mujer sin adornos, auténtica, diferente y especial. Su mirada honda, profunda y amplia se veía adornada por momentos con destellos de niña ilusionada, traviesa y juguetona, una fantástica mezcla.

Pronto me di cuenta de que Charo llevaba enarbolada la bandera de la rebeldía, que huía de los convencionalismos que matan y de la mediocridad de los brazos caídos que aborrega a las personas, sumiéndolas en la angustia y el dolor de perderse así mismas. Tuve la sensación de que llevaba a cuestas el dolor del mundo y el peso de las injusticias, que producen las barbaries que destrozan la esencia del ser humano.

Desde su exquisita sensibilidad cada día elige para caminar unos zapatos nuevos que le permitan pisar fuerte con renovada energía, a la vez que pone el corazón en cada pisada para afrontar cada recoveco del camino, con las manos extendidas en un intento de aliviar el sufrimiento ajeno.

Su segundo libro “Cartas desde el manicomio” es una queja dolorida, una protesta contra la injusticia en la que viven tantas personas, una reivindicación de la vida que dejamos escapar, una llamada al amor que nos devuelva intacta la esencia del hombre para nutrir el amor en sí mismo, ese amor que nos salve de nosotros mismos, que salve al planeta en el vivimos para que nos siga regalando vida.

Gracias Charo, eres un regalo para el mundo.

Autor entrada: Maria Guerrero

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