UNA APUESTA POR LA VIDA


Mi adolescencia fue un calvario, era una cría buena, pero por las circunstancias que me rodeaban no quería vivir.

A los 18 años, con una vida por delante, decidí quitármela. Estuve en coma y si salía de esa me quedaba en una silla de ruedas. Si como lo oís, paralítica en una silla de ruedas o moría.

Tuve mucha gente que rezo por mi y cual fue mi sorpresa y la de los médicos, que desperté sin secuelas de ninguna clase y pude seguir estudiando incluso fuera de Murcia.

Pero todo no acabo con esa experiencia. Después volví a intentarlo tomando pastillas, nunca supieron cuantas. Las reacciones de mi mente y cuerpo las interpretaban como una forma de chantaje emocional a la familia y así era.

Cada vez que no conseguía mis propósitos es porque tenía un ángel de la guarda que no me dejaba subir con ellos al cielo.

Con el tiempo se acabaron los lavados de estomago. Ahora con casi 40 años miro al cielo y le doy las gracias, la vida es dura muchas veces pero intento con tesón y trabajo psicológico que no sea tanto, intento ser cada día más responsable de mi y de mis actos y esa actitud me da satisfacciones.

Hubiera sido una pena perder la vida por niñerías.Hoy me siento muy feliz por no haber acertado, la vida merece la pena y quiero vivirla.

Enviado por un seguidor de blog.
Llegar a esta conclusión seguro que no ha sido fácil para ti y me alegra tu decisión de APOSTAR POR LA VIDA aún con los contratiempos que forman parte de ella.
Gracias por compartir tu experiencia.

Autor entrada: Maria Guerrero