TE REGALO…

Un nuevo y maravilloso poema de Valentín Turrado.
Valentín consigue hacer grande lo pequeño incluso lo que consideramos insignificante y nos lo regala con la generosidad que le caracteriza. Sabe que en lo sencillo está lo esencial y nos lo hace llegar con los aromas que la vida nos ofrece, de tal forma, que hasta podemos olerlo..
Siempre gracias.
A todas las personas que han acariciado mi corazón


Te regalo un ramo de manzanilla de lastra
del monte de mi aldea,
la brisa que se me hizo compañera entre los robles,
el agua fresca y jugosa de la fuente enjuncada,
la sombra amiga de la arboleda de este agosto abrasador.

Te regalo un puñado de acelgas de mi huerto
y una cesta de tomates rojos y olorosos,
esperando que su acidez no te haga daño,
y un par de manzanas reinetas recién cortadas.
Ah!, y el olor de mis hierbas preferidas:
la hierba buena, la salvia, el tomillo y la labanda,
una hormigonera de surfinias rosáceas
que alguien plantó para que yo te las regalara.

Te regalo un abrazo generoso,
de esos que juntan la piel con la piel sin miedo,
una mirada tierna y un gesto cómplice,
una conversación sincera y halagüeña sin mirar el reloj,
y una sonrisa amplia y elocuente
de esas que iluminan y embellecen a los dos.

Te regalo una comida sabrosa
y un chapuzón en las aguas vírgenes de mi lago,
un suave y atrevido masaje en tu espalda
y un helado de chocolate y fresa.
¡No me digas que no te gusta el chocolate y la fresa!.

Te regalo una bendición con mis dedos juguetones
y un paseo en el campo por un camino de tierra,
el canto gratuito de las cigarras, que es de todos
y hoy hago mío para ti,
y el despertar del colirrojo tizón que se ha hecho ocupa en mi jardín.

Te regalo el olor a madera recién cortada
y el tacto en los dedos de la talla aún sin colorear,
el gusto cierto de mi boca abierta al paraíso
y la luz cálida de mis ojos
mirándote de reojo,
mientras lo demás se ríen y cuchichean.

Te regalo mi plegaria al despertarme insomne en la noche,
mi deseo vacilante a veces, otros loco,
de amar y ser amado,
la rabia por la justicia que hace restañar mis dientes,
y ese cariño que le tengo a la verdad,
tan frágil ella y tan desprovista,
que quisiera tener pechos para amamantarla.

Te regalo ese par de velas que cada año se encienden para mí,
porque es cierto que hay astros encendidos para cada ser humano que nace.

Te regalo a mi Dios.

Te regalo mis voces y mis gritos,
mis enfados, mis torpezas,
esas promesas que a la hora del almuerzo ya no existen,
mi sexo incansablemente alerta,
mi estatua de papel que quiere alzarse por encima de los rascacielos
y esos besos que nunca te daré cuando estés conmigo,
para que sepas que quien te hace estos regalos es un hombre,
un hombre que al apretar el timbre de tu casa
sintió miedo,
miedo de olvidarse de lo efímeros que son sus regalos.

Valentín Turrado

Autor entrada: Maria Guerrero

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