EL ENCUENTRO CON EL YO VERDADERO (2)

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En muchos
casos si la motivación del encuentro con nuestro YO nos es muy alta, puede
aparecer el desánimo y el abandono de la búsqueda con el fin de acabar con la
incertidumbre y volver a la comodidad de lo conocido, al “más de lo mismo” que
nos permita continuar perdidos de nuestro YO, privándonos de la oportunidad de
elegir nuestras opciones, apropiarnos de nuestra vida y asumir el riesgo de
vivir lo nuestro.  Los mecanismos de defensa son los encargados de favorecer
este proceso.
Si nuestra
decisión es firme entendemos que iniciamos un proceso, palabra clave que no podemos dejar de tener presente, ya
que se trata de nuestra fortaleza, en los momentos de debilidad, la que nos
recuerda que estamos en el presente de nuestra vida. 
En un primer
momento cuando nos encontramos con nosotros, encontramos la angustia de no
saber quiénes somos, cuáles son nuestras necesidades generalmente olvidadas,
nuestros sentimientos auténticos acallados tanto tiempo, maquillados y
adaptados a los otros, nuestro sitio en la vida, entonces aparece el vacío, ese
agujero negro que nos sumerge en la angustia y queremos callar esa voz que
grita dentro de nosotros porque sentimos su llanto y su dolor por no ser nunca
atendida.
Vemos como hemos vivido a merced de los vientos de los otros, nadando
en sus corrientes, luchando entre sus olas sin saber dónde asirnos. Hemos hecho
nuestras necesidades que son de los otros y las hemos asumido como propias
obligándonos a satisfacerlas y, por supuesto, olvidándonos de las nuestras. En
este punto ya estamos encorvados, con todo el peso sobre nuestra espalda
alimentado por la creencia de que tenemos la responsabilidad de continuar en
nuestro empeño de hacer para que nos quieran, de saber para que nos valoren, de
“ser” bueno para caer bien a todos, en definitiva de continuar comprando el
cariño que no creemos merecer.
Cuando
andamos perdidos de nosotros, a menudo nos encontramos buscando en los espejos
de otros reflejos nuestros que nos devuelvan nuestra imagen y también muy a
menudo, solo encontramos que esos espejos nos devuelven máscaras de mil
colores, fabricadas con distintas formas, que nos enseñan reflejada la imagen
distorsionada que no se corresponde con quienes somos pero que es idéntica a lo
que pretendemos aparentar.
A través del
proceso de búsqueda, nos vamos dando cuenta de nuestro estilo de
comportamiento, de las respuestas que damos a las situaciones y abrimos los
ojos y nos damos cuenta de las máscaras que utilizamos para conseguir aprecio,
que al estar tan pendientes de los demás, al vivir escapándonos en tanto hacer,
hacer y hacer, nos metimos en la rutina y 
nos perdimos de nosotros creyéndonos nuestras propias mentiras.

Autor entrada: Maria Guerrero

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