LA IMPOTENCIA DEL AMOR

Sé que estás ahí, al otro lado de la pared, en ese llanto amargo que colorea de negro tu mirada. Ese llanto que quisiera fuera de los dos. Pero no puedo hacer nada.

Sé que pasarás la noche jugando al escondite ansioso entre el salón, el baño y la alcoba. Oigo tu pisar inquieto en la noche larga, larga. Me abrazo a la almohada sabiendo que no puedo hacer nada.

Sé que devolviste la comida y que te cuesta hacer la digestión. Hay piedras que no se tragan de una vez. Me lo dijeron las punzadas de mi estómago al sentir que no puedo hacer nada.

Mientras golpeabas la pared con furia hasta hacerte sangre y gritabas que ¡ya está bien, ya está bien…!, de tropiezos, de noes, de fracasos apilados como platos a las puertas de tu casa, asistía con pesar a una escena tristemente traqueteada, sin poder hacer nada.

Con dolores de cabeza para nada inventados , con portazos a deseos que un día fueron reales, envenenando la sangre a base de rabias y resentimientos, de palabras gruesas, malolientes, descubrí, testigo de ti , que apenas puedo hacer nada.

Sé que a esa niñez, como a tantas, se le negó el calor y el cobijo de unos pechos calientes y que nadie, nadie, se acercó nunca a espantarle los fantasmas de su alma.

Sé muchas cosas, es verdad.

La que más me duele es saber-sentir que no puedo hacer nada.

Valentín Turrado

Autor entrada: Maria Guerrero

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