UN AÑO DE VIDA

Hace unos días me encontré con un amigo que hacía años no veía. Mientras degustábamos un delicioso café me contaba que recientemente había recibido un tremendo diagnóstico que supuso un fuerte impacto en su vida, se trata de una enfermedad en estado terminal para la que el médico solo pudo darle un pronóstico fatal, «te quedan de seis meses a un año, en el mejor de los casos».

Me sentí impactada por una parte por la cruel noticia y por otra por la forma en la que mi amigo me lo comunicaba. Estaba reflexivo, en el proceso de masticar las palabras para poder tragarlas, intentando poner conciencia en su significado real para poder enfrentar su difícil situación.

Me contaba que había pasado su vida dedicado casi por completo a un trabajo que, ahora se daba cuenta, no era su vocación y en el que no quería permanecer ni un día más. Me contaba que se había olvidado de vivir, de disfrutar con sus hijos, de viajar con su esposa, de escapar a montaña más a menudo que es lo que más feliz le hace, que su folios escritos durante años con la aspiración de convertirse en el libro que le habría gustado publicar, permanecían sin ordenar en un cajón de su mesa, que había vivido sin tiempo para vivir.

A la vez que se sentía triste, aparecía en sus ojos una luz de esperanza ¡tengo todavía un año, en el mejor de los casos! y no quiero desaprovechar ni un minuto de ese tiempo, quiero vivirlo todo, disfrutarlo todo como si cada día fuera el último.

Es esperanzador lo que dices, me llega mucha sensación de libertad en tus palabras, por lo que dices y por como lo dices, le dije emocionada.

Eso es, así me siento, al principio, cuando me lo dijo el médico sentí mucho miedo, estaba confuso y no sabía como acoger la noticia, pero después empecé a sentir que mi pecho se ensanchaba, lo que antes me pesaba tanto, la responsabilidad, el dar la talla, conseguir mis metas, etc, etc, se fue disipando poco a poco y me sentí más libre que nunca para vivir lo que quiero vivir y como quiero vivirlo. Se que es una paradoja que ni yo mismo entiendo, incluso me siento agradecido porque este diagnóstico me da la oportunidad de vivir este último tiempo siendo consciente, sin el, quizá me hubiera muerto sin haber sido consciente de que había vivido.

Este encuentro me mantuvo despierta esa noche. En mi cabeza se repetía la conversación de la mañana, que estaba grabada a fuego y pensaba como sería para mi un diagnóstico de esas características.

Resulta paradójico que tomemos consciencia de la vida a través de una amenaza de la muerte. Vivimos como si fuéramos eternos, como si nuestro tiempo no se fuera a terminar, por eso perdemos nuestro tiempo, postergamos decisiones, nos mantenemos firmes en enfados nimios que nos distancian de las personas que queremos, hacemos lo que quieren los demás dejando lo nuestro para mañana, nos enquistamos en sufrimientos que nunca terminan, nos agarramos a relaciones que nos hacen infelices, en fin, vivimos como autómatas sin contacto real con nuestros sentimientos y con nosotros mismos.

Decidí que no quiero esperar a tener una de esas noticias para poner consciencia de que estoy viva, que solo tengo el AQUÍ Y EL AHORA para degustarlo y vivirlo siendo fiel a mi misma. No quiero soñar ni imaginar mi vida, quiero inventarla cada día, quiero vivirla.

¿COMO SERÍA PARA TI SI TE DIJERAN QUE SOLO TE QUEDA UN AÑO DE VIDA?

Autor entrada: Maria Guerrero