
“sentimiento adecuado” (derivado de una valoración ajustada de nuestras
circunstancias ambientales) y ayudarnos a eliminar satisfactoriamente la amenaza
percibida; o de un “sentimiento inadecuado”(derivado de una valoración
desproporcionada de nuestras circunstancias).En este caso es cuando el miedo se
convierte en algo paralizante.En cualquier caso el desencadenante del
miedo es la percepción por nuestra parte de una amenaza real o imaginaria a
nuestra seguridad,integridad,salud y bienestar tanto físico como psicológico.
esta emoción va a depender también de la capacidad que cada cual se atribuya para enfrentarse o
para rechazar la amenaza, de forma que el nivel de miedo que experimentemos va
estar en función del valor que le asignemos a la amenaza y el que asignemos a
nuestra capacidad de enfrentarnos a ella.
puede llevarnos a perder el control de las situaciones y de nosotros mismos.
Como esta situación de falta de control nos angustia y nos desposiciona de
nuestra forma conocida de actuar, que es la que nos permite sentirnos
“cómodos y seguros”, lo que generalmente tendemos a hacer es evadir, ocultar sustituir o
camuflar esta emoción, con lo que contribuímos directamente a fijarla en
nosotros y a sobredimensionarla, provocando una emoción más intensa.
respuestas que ponemos en marcha en aquellas situaciones o ante aquellos
objetos o sujetos que percibimos como amenazantes y/o desconocidos,con el fin
de autoprotegernos. Psicológicamente lo podemos definir
como un patrón adaptativo de respuestas de ansiedad, integrado por las
respuestas relacionadas con lo que pensamos, con lo que ocurre internamente en
nuestro organismo, que son las respuestas psicofisiológicas y con lo que hacemos y
cualquiera puede observar, que son las respuestas motoras.

de supervivenca, ya que prepara a nuestro organismo ante una situación de
peligro para emitir una respuesta de lucha o huída.Sin embargo, el miedo se
puede convertir en algo paralizador e incapacitante, incluso si llega a
convrtirse en un estado emocional permanente puede desembocar en la aparición
de diversos desarreglos orgánicos. Como hemos comentado antes, el miedo
puede suponer una ventaja adaptativa: tener miedo sirve, es sano y hasta puede
resultar necesario. Los miedos pasajeros o evolutivos constituyen un
elemento normal y necesario en el desarrollo del ser humano, ya que proporcionan
herramientas con las que hacer frente y superar una amplia gama de situaciones
adversas, peligrosas o desagradables (los llamados “estresores vitales”). De
esta manera nuestro organismo “dispara” respuestas automáticas de alarma
(miedo) ante aquellas situaciones, objetos o sujetos que pueden suponer un
peligro para nuestra supervivencia. De ahí que la ausencia total de miedo pueda
resultar desadaptativa.
ideas y decisiones, acaban inhibiendo la riqueza vivencial de la persona.